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"... tronco arrojado por la marea en otra playa que no es Miramar."
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martes, 27 de enero de 2026

ESTIGMA

"... sólo queda la cicatriz en el cielo de una vieja luna de enero."


Recuerdo con precisión el verde tenue

de los ojos de mi padre,

el olor de Miramar en mi infancia

que se me quedó impregnado en el olfato

como alga sobre la piedra,

la piel tersa de una amante pasajera

guardada entre los rescoldos de la memoria.

Despedidas que rasgaron la tarde

tercos pasajes de la vida que asoman

disfrazados de nubes o de flores

mientras camino a ninguna parte:

la promesa de aquellas canciones

con las que soñábamos estar enamorados

y los labios que se esfumaron una madrugada

despojándome de tantos besos.

Porque su brillo se desvanece

sólo queda la cicatriz en el cielo

de una vieja luna de enero.

Nunca se regresa del amor perdido.


Jules Etienne

martes, 28 de octubre de 2025

BRUMA

"... lejano entre la niebla un eco que percute en la distancia confundido con las voces de mis padres..." 


Bajo un limbo de sombras caprichosas

maduran las fechas en racimos,

la brecha es más angosta

cada día es su propia circunstancia:

¿adónde se fue ayer con sus canciones?

Las palabras también se van

dejando un resabio de almendras rancias

esas mismas que, se dice, saben a olvido,

como murmullos de las hojas

al desnudar las ramas de la arboleda.

Se escucha lejano entre la niebla

un eco que percute distante

confundido con las voces de mis padres,

sólo quedan escombros del pasado

fragmentos dispersos de lo que ya no es.

Cuánto hiere la soledad del tiempo,

supongo que debe ser el amor y no la niebla

lo que disuelve la distancia.


Jules Etienne

martes, 25 de marzo de 2025

GRAMÓFONO

"Algún acorde prófugo del pentagrama habrá decidido llenar de música el silencio..."


Crecieron escuchando música

en antiguos fonógrafos

viendo películas silentes

dando cuerda a los relojes...

Era una generación diferente

que mantenía gran paciencia

y la capacidad de asombro,

porque entonces la vida

valía la pena de ser vivida.

Algún acorde prófugo del pentagrama

habrá decidido llenar de música el silencio:

a los gramófonos se les conocía

como el violín que canta.

Con el tiempo esos conos de latón

por los que se escuchaba

el artilugio de voces y melodías

enmudecieron para siempre

y se abandonaron bajo el polvo.

Unos cuantos lograron sobrevivir

como curiosidades de museo,

testimonio perplejo de una época

sólo por recuerdos habitada.


Jules Etienne